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| Diego Gómez |
Si hay un río vinícola por excelencia, ese es, sin lugar a dudas, el Duero. En su cuenca se asientan nada más y nada menos que nueve denominaciones de origen y otras tres DO protegidas, a las que habría que añadir otras tantas portuguesas, adquiriendo fama mundial los viñedos del Alto Douro, elegido Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001. Son aguas que brotan en el Pico de Urbión (Soria) y que mueren en Oporto, no sin antes bañar los viñedos de estos afamados vinos de idéntico nombre. 900 kilómetros haciendo las delicias de los aficionados al vino, desde la Denominación Ribera del Duero, pasando por Cigales, Rueda, Toro y Los Arribes, y dejando a su paso elaboraciones de un prestigio internacional (Vega Sicilia, Pingus, Termanthia, Picón...).


